Logo de la empresa

Ermita de Nuestra Señora de la Lanzada

Aldana Fernandez Cambas - Graduada en historia del arte | revista eSmás O Salnés 33 Verano 2025

nos trasladamos a la parroquia de Noalla, en Sanxenxo, para hablar de la ermita Nuestra Señora de la Lanzada.
Ermita de Nuestra Señora de la Lanzada

En esta ocasión, nos trasladamos a la parroquia de Noalla, en Sanxenxo, para hablar de la ermita Nuestra Señora de la Lanzada. Se trata de una construcción realizada entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII, en un estilo románico tardío, con una planta de nave única y un ábside semicircular en el que se encuentra la imagen de la Virgen de la Lanzada. Territorialmente, el lugar donde se sitúa era una isla, aunque actualmente es una pequeña península, por lo que se encuentra unido al territorio por una lengua de tierra o istmo.

 

 

Como suele ocurrir, no se puede focalizar solamente en el monumento, sino que hay que tener en cuenta todo el entorno en el que se erige. Se trata de un emplazamiento de gran importancia arqueológica ya que, muy cerca de la ermita, se encuentra la Necrópolis de La Lanzada –datada entre los siglos III y IV d.C.– y un castro del siglo VIII a.C., ambos restos muy relevantes en el estudio de la Historia de Galicia. Además, en las inmediaciones también se encuentran los restos de una fortaleza medieval del siglo X que formaba parte de un sistema defensivo de las villas de la Ría de Arousa.

 

Lo que podemos interpretar de este núcleo, es que se trata de un emplazamiento relevante para la zona que, por su situación privilegiada, se convertiría en un importante punto comercial. De hecho, arqueólogos participantes en excavaciones recientes afirman que los restos de cerámicas púnicas encontradas en la zona confirman que no estaban aislados, ya que son objetos que suelen aparecer en diversos castros de las Rías Baixas. Actualmente, la presencia de un pequeño barco en el interior de la ermita, demuestra que esa vinculación con el comercio o las labores marítimas continúa vigente.

 

 

Sin embargo, esta favorable situación geográfica, en el caso de la ermita, con el paso del tiempo genera inconvenientes para su conservación. De hecho, en los últimos años, la construcción tuvo que ser intervenida en varias ocasiones para evitar que las consecuencias de la erosión de la piedra –provocada por la salinidad del mar– debilitase la edificación. Además, en su interior, el valioso retablo también tuvo que ser restaurado, ya que se encontraba bastante dañado como consecuencia de la acción de insectos xilófagos.

 

Esto demuestra la importancia de conservar los bienes patrimoniales, no solo como objetos aislados de estudio, sino como elementos integrados en un contexto histórico, cultural y paisajístico. Solo protegiendo el conjunto —monumento, entorno y significado— podemos comprender y valorar plenamente su legado.


Anunciantes en el número actual la revista eSmás:


Scroll to Top