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Pazo de Pardiñas Vilaxoán

Aldana Fernández Cambas Graduada en Historia del Arte | revista eSmás Vilagarcía 50 Otoño 2025

Entre las casas marineras y el sonido del puerto de Vilaxoán se alza el Pazo de Pardiñas.
Pazo de Pardiñas Vilaxoán

Entre las casas marineras y el sonido del puerto de Vilaxoán se alza el Pazo de Pardiñas. Su silueta, sobria y firme, recuerda que en este rincón de la ría de Arousa convivieron durante siglos dos mundos distintos: el de la vida marinera y el de la nobleza local. El edificio fue levantado en el siglo XVI por voluntad de Juan Daval y María Pérez de Leiro, miembros de una familia con recursos. En el siglo XVIII, el pazo sufrió diversas reformas que adaptaron su estructura a los nuevos gustos y necesidades de la época. Sin embargo, a pesar de esas transformaciones, ha conseguido llegar hasta nuestros días en un muy buen estado de conservación.

 

 

 

Precisamente su ubicación lo distingue de la mayoría de los pazos gallegos. Estos suelen encontrarse en entornos rurales, rodeados de tierras, con hórreos y capillas. El de Pardiñas, en cambio, se integra en la trama urbana de una villa marinera. Su presencia resulta singular: mientras alrededor se multiplicaban las viviendas bajas de pescadores, la arquitectura del pazo proyectaba la imagen de familias con un peso económico y social superior. Así, el contraste entre lo señorial y lo popular se hacía visible a primera vista.

 

 

 

Algunos elementos arquitectónicos –como las gárgolas que recorren la cornisa o los modillones que sostienen los balcones– refuerzan esta condición de símbolo de poder y prestigio, como si se tratase de un escaparate de distinción. Pero, sobre todo, destaca la torre cuadrada que domina el paisaje de casas bajas que la rodean, casi como un recordatorio permanente de la posición elevada de la familia propietaria.

El Pazo de Pardiñas es, por tanto, mucho más que una construcción. Es un testimonio de cómo la arquitectura puede expresar jerarquías, reflejando una realidad económica y social de la villa en otros siglos. Por eso, su conservación hasta hoy permite que Vilaxoán conserve un fragmento de su memoria histórica.


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